LAS TENDENCIAS DEL SIGLO XX
No solo están en los conglomerados.
Si bien es cierto, el análisis que Habermas hace del Siglo XX es muy completo hay elementos que también influyen en la estructuración de esta historia que él no ha tomado en cuenta seguramente a propósito.
Podemos ver con claridad que el idealismo marxista está en su orientación para hacer el análisis que él realiza del siglo. Por ejemplo al acercarnos a su reflexión sobre las continuidades poderosas, nos asaltan algunas dudas con respecto al hombre mismo y su entorno. Habermas ve al hombre como un interlocutor que se ve destacado no por su historia en primera línea, sino más bien por los procesos que a él lo rodean. Porque para él carecen de significado las individualidades, como por ejemplo la de la irrupción de Cristo, que no es nada más que un corte en el calendario. Esto cobra importancia más adelante seguramente, por el proceso que suscita. Con claridad observamos que sus análisis están basados en sus principios ideológicos y vemos como su razonamiento se centra también en el mundo del trabajo y lo que él envuelve y desarrolla.
Frente a estos elementos queremos mostrar que la lectura que Habermas realiza carece de algunos elementos necesarios para que sea un análisis más completo. Por lo que proponemos lo siguiente.
La historia del hombre se va desarrollando en varias esferas y creemos que en este espacio Habermas no toma en cuenta la realidad completa del hombre, y de esta manera podríamos hacernos la pregunta que Herman Dooyeweerd realiza en el final de su libro (In The Twilight of western Tought) ¿qué es el hombre?, y donde él mismo nos muestra que el hombre no puede responderse a sí mismo, ni como individuo, ni como sujeto colectivo, sino que la respuesta está en la revelación de Dios por medio de Jesucristo y su redención.
Están también en las individualidades.
Por otro lado vemos que el hombre en su esencia no solo ha crecido de manera magna en su desarrollo demográfico, hay un crecimiento también en sus élites individuales como lo grafica el Dr. Francis Sachaeffer:
"Una élite, un autoritarismo como tal, acabará moldeando la sociedad gradualmente hasta que llegue a la forma deseada. Evitando que ella recaiga en el caos, y la mayoría de las personas se acabará rindiendo a eso, movidas por la paz personal y la prosperidad… por la búsqueda de un algún sistema político, o de asuntos relacionados a la vida cotidiana."
El hombre no solo crece en cuánto a población, o en cuánto a los procesos productivos, o al gran desarrollo de las tecnologías. El hombre también crece en su propia individualidad, y queremos categorizarlas simplemente que crece en su maldad. Cada ser es un mundo en sí, con sus propios deseos y sus propios propósitos, dicho de otra manera hemos visto que la solidaridad no es uno de los valores presentes a la hora de alcanzar el éxito, promoviendo una ética relativista basada en el principio de Nicolás Maquiavelo "…que los medios siempre serán honorables y loados por todos".
Con esto no queremos aislar el tema sino más bien introducirnos de lleno. La manera en que percibimos el acercamiento es casi religioso, porque aunque Habermas quiera aislar el fenómeno del cristianismo como un elemento dentro análisis, no podremos encontrar otras respuestas que satisfagan la problemática que el individualismo ha creado. No son solamente los procesos lo que provocó la moneda con dos caras en siglo XX, una por un lado es la catástrofe, por otro lado este "genio de la adaptación" se ha sobrepuesto a las guerras mundiales y ha logrado los avances innumerables en todos los frentes, desde los avances en el giro lingüístico, pasando por las tecnologías hasta las nuevas teorías económicas que surgen como alternativa al sistema liberal.
OBSERVANDO LOS ROSTROS DE FINES DEL SIGLO XX
En este punto del articulo lo que más destaca el trabajo de Habermas se ve en las 3 tendencias políticas, dentro del espacio cultural de las ideologías. La primera como ya vimos, se refería a la guerra fría, la segunda la descolonización, y la construcción del estado de bienestar social de Europa, que es donde nos centraremos.
Entendemos el "estado de bienestar social", a las estructuras políticas y económicas que la gran mayoría de los países europeos implementaron después de la segunda guerra mundial, en plena guerra fría, políticas públicas que dieron un tremendo resultado dentro del espectro de desarrollo europeo tal y cual lo concebimos hoy. En este punto tampoco podemos olvidar el gran adelanto obtenido por el keynesianismo con sus políticas públicas que permitieron una apertura al sistema económico que operaba anteriormente y que involucro a cada uno de estos países.
Al observar claramente estás tendencias no podemos menos que reflexionar desde América Latina casi con nostalgia, podríamos hasta levantar la voz y hacer un pertinente reclamo, o es tan grande la influencia de las grandes economías que solo somos un eco de las políticas que otros contextos ya han creado. Desde aquí ponemos énfasis que aunque no queramos aceptarlo esa es la realidad.
La globalización llegó para quedarse, y se instaló con todos sus implementos económicos y tecnológicos, poco a poco las economías de los países latinos fueron adoptando posturas menos radicales con respecto al libre mercado, y lo que miraron con desdén en la década de los sesenta y setenta, aquellas economías del hemisferio norte llegaron para quedarse.
En este punto donde la reflexión de Habermas hace un alto a la políticas generales y levanta una voz de alerta no para los estados ni para los gobierno, sino más bien a los que él ha denominado como miembros activos de la sociedad civil que trasciende las fronteras nacionales, los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales. Buscando una salida al futuro oscuro ha planteado la "solidaridad civil universal", y esta pareciera la utopía ideológica para dar una solución concreta a los problemas mundiales de hoy.
La respuesta de Habermas ya no está centrada en nuevas políticas del estado para a una nueva organización socioeconómica, sino en los mismos actores de ella. Pero, ¿podremos concebir una sociedad que solo dependa de una solidaridad civil generalizada?
Dentro de este marco referencial nuevamente volvemos al tema inicial, no podemos ignorar al hombre como un ser individual y refugiarnos en la generalidad. En esta perspectiva Habermas se alinea con el historiador Eric Hobsbawm al decir que las políticas marxistas subsisten no como en el pasado, donde se creía en una economía planificada, sino más bien que hoy están orientadas netamente con desarrollo de la libertad humana y sus habilidades. Esta libertad personal que ha sido poco profundizada. Esta teoría no tiene como responder, en la misma línea de este planteamiento podemos ver donde la bilogía no puede dar respuestas para un sistema que avale la clonación, donde el profesor Habermas arguye que es por falta de competencia en sus argumentos tanto morales como jurídicos, a si mismo podemos alegar en cuánto a un estado más benevolente, más justo, más solidario, que esta respuesta es insuficiente mientras la filosofía con la cual se rijan no tengan el absoluto de la Escritura para sostenerse, mientras eso no se haga, estaremos a la deriva de estados autoritarios y absolutos en sus propios intereses, o a una masa que no tiene sus absolutos bien definidos.
Si vamos queremos una sociedad más justa, más benevolente no podemos apelar solo a la conciencia del hombre, esperanzados que el hombre de por si reflexione y tome iniciativas con respecto a su entorno. Ya hemos visto como este mismo hombre no va a ir en busca de un bienestar social sino todo lo contrario, el rumbo del hombre es a la inversa hacia sí mismo.
Es por eso que nos vamos a aferrar a la esperanza de Habermas, pero le agregaremos el absoluto de la escritura. Ya el Dr. Schaffer nos hablaba de que es necesario que nos movamos con el absoluto de la Escritura. Y en esta misma dirección Habermas nos dejó la puerta abierta para la actuación del cuerpo de Cristo en la perspectiva social. Quien mejor que la iglesia, la novia de Cristo, conoce mejor lo que su Señor quiere, y además está dispuesta a someterse a su señorío.
Es pues la iglesia, el elemento coyuntural para avanzar hacia una sociedad con precedentes totalmente distintos. Y con absolutos al cual aferrarse, la Escritura. Las desigualdades sociales, la economía, la justicia, todo cobra una dimensión distinta, para afirmar este punto queremos destacar los avances de la iglesia en esta perspectiva. Pueden haber innumerables ejemplos pero queremos destacar algunos que han sido extremadamente importantes dentro del mundo religioso que han marcado tendencias. El Pacto de Lausana (Laussane, Suiza, 1974), la declaración de Oxford (1990) sobre la fe cristiana y la economía en el hemisferio norte, y la iniciativa de la FTL (Fraternidad Teológica Latinoamericana) al convocar a las distintas fases del CLADE (Congresos Latinoamericanos de Evangelización), alcances no solamente en la perspectiva teológica sino también en lo social, político y económico.
Es necesario que entendamos que el movimiento social liderado por la iglesia no es un movimiento de lucha, sino de amor:
"hemos llegado a comprender más claramente la relación entre los recursos, los ingresos y el consumo; a menudo la gente se muere de hambre porque no pueden darse el lujo de comprar comida; porque no tiene ingresos, porque no tiene oportunidad de producir, y porque no tienen acceso al poder"
Que necesitamos políticas económicas basadas no solamente en línea con lo que unos pocos determinan sino más bien con todos aquellos estamos en la sociedad:
"En una economía de mercado, el poder económico puede estar en manos de unos pocos. Cuando eso sucede, se tiende a tomar políticas por razones económicas, y el miembro común de la sociedad queda marginado política y económicamente… nos damos cuenta que las exigencia éticas suelen ser ineficaces pues son reforzadas solamente con la conciencia individual..."
En América Latina, necesitamos hoy una urgente reflexión con la necesidad de tener un protagonismo en el ambiente político y económico. No necesitamos estrellas solitarias que pasen fugazmente por el espectro político, necesitamos un estamento no que sea una bancada para la iglesia, sino más bien agentes de cambio para promover un verdadero estado de bienestar en América Latina. Y es por eso que creemos que los principios elaborados por algunas teologías no dieron abasto, por que tuvieron más un compromiso con las necesidades del Reino, que con glorificar al Reino. Y en este sentido Habermas nos ha abierto un portón inmenso, quien más que la iglesia puede levantarse con una verdadera solidaridad cimentada en el absoluto de la Santa Escritura. En esta línea J. Stott dice que los cristianos liberales al tener su confianza en el sentido humano son más activistas, mientras que los más evangélicos descansan en quietud.
El rostro inicial a cambiado, pero hay un gran espacio para desarrollo de nuevas estructuras que quieran promover cambios políticos y económicos, no pensando en el egoísmo sino más bien estado de bienestar.